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La princesa y el ovillo de lana

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Hoy quiero compartir con vosotros un cuento sobre la importancia de no posponer nuestra felicidad. Muchas veces encuentro personas que me dicen “Seré feliz cuando…” y aquí podéis añadir lo que queráis “me jubile”, “termine la carrera”, “encuentre pareja”, “supere este problema”, etc.

Sin embargo, la vida no espera y no sabemos que va a ocurrir mañana, ni de cuanto tiempo disponemos. Lo mejor que podemos hacer es aprovechar el ahora y ser lo más felices que podamos en este momento porque es el único que existe.

 

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Somos nuestros sueños

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Nadie nos dijo que fuéramos. Nadie nos dijo que lo intentáramos. Nadie nos dijo que sería fácil. Alguien dijo que “somos nuestros sueños’. Que si no soñamos, estamos muertos.

Nuestros pasos, siguen el instinto que nos lleva a lo desconocido. No miramos los obstáculos que hemos superados, sino aquellos que vamos a superar. No se trata de ser los más rápidos, los más fuertes, o los más grandes, Se trata de ser nosotros mismos. No somos solo corredores, ni alpinistas, ni esquiadores, ni tan solo deportistas. Somos personas.

No estamos seguros de conseguirlo. Pero estamos convencidos de conquistar la felicidad. ¿Qué buscamos? ¿Quizás vivir?

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El tiempo es vida…

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“Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo.

Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida.

Y la vida reside en el corazón”

Momo. Michael Ende

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Momo o el libro del Tiempo

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“Momo es una niña de quien no se conoce su origen ni se conocerá jamás, y en realidad no importa. Su pequeña complexión hace que sea imposible determinar su edad pero ella resuelve el problema con una respuesta muy acertada: “Que yo recuerde, siempre he existido”. Su apariencia es desaliñada, su cabello negro y alborotado como quien nunca ha conocido un peine, sus ojos son enormes y tan negros como las plantas de sus pies. Su ropa son harapos enormes que no se molesta en ajustar porque está muy consciente que continuará creciendo. Momo tiene una virtud que no cualquiera posee: sabe escuchar. No, no escucha como escuchan todos, ella lo hace de una manera excepcional. “

Michael Ende

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