Diario Emocional

Escribir un diario emocional es una de las herramientas más efectivas para tener una autoestima alta, tener un buen grado de conocimiento interior, ser feliz y disfrutar del momento presente. Es una técnica muy útil para cualquier edad pero hoy vamos a centrarnos en los niños.

Registrar sus experiencias y emociones aumenta la inteligencia emocional y la autoestima de los más pequeños, además de ayudarles a hacer frente a los problemas de manera más eficaz, además mejora la vinculación afectiva con los padres y reduce el miedo y la ansiedad.

 

Un Diario Emocional puede tomar formas diferentes y debe adaptarse a la edad y características de cada niño. Por ejemplo, los niños más pequeños que no sepan escribir pueden pegar pegatinas con emoticonos que reflejen su estado de ánimo o hacer dibujos. En cualquier caso, ahí van unas instrucciones generales.

1. Buscar cada día un espacio para estar con el niño. Un buen momento puede ser por la noche, antes de acostarse. El tiempo debe adaptarse a la edad y circunstancias del niño pero es suficiente con 15-20 minutos.

 

A veces, los padres tienen problemas para buscar ese momento tranquilo, si decidimos animar a nuestro hijo a llevar un diario emocional, debemos ser constantes y dedicar esos minutos al pequeño todos los días.

 

2. El niño deberá escoger una libreta que le guste para que sea su diario emocional.

 

diario emocional

 

3. La tarea de los padres consiste en hacer junto al niño balance del día que termina (primero las cosas positivas y después las negativas). Es un buen momento para enseñar a nuestro hijo a enfrentar los problemas de manera positiva y habilidades que le ayuden superar las dificultades.

El objetivo no es quitar importancia a sus preocupaciones, ni eliminar sus sentimientos negativos si los tiene, lo importante es escuchar, enseñarle a manejar sus emociones y demostrarle que estamos ahí para lo que necesite.

 

Si el niño se muestra reacio a hablar de sus emociones debemos motivarlo pero nunca forzarle, solo recordarle que estamos dispuestos a escuchar.

Algunas preguntas que pueden ayudarnos a guiar al niño son: ¿Qué ha ocurrido hoy? ¿Cómo me siento? ¿Por qué me siento así? ¿Cómo me comporto cuando me siento así? ¿Es bueno? ¿Esta emoción me ayuda en la situación y momento actual? ¿Qué puedo hacer para mantenerla? o ¿Qué puedo hacer para cambiarla y sentirme mejor?

 

4. Si el niño ya sabe escribir le animaremos a apuntar brevemente aquellas cosas importantes que han sucedido y las emociones que le han provocado. Por ejemplo: “Fuimos al cumpleaños de la prima Eva y me divertí mucho” o “Carlos me empujó en el recreo y me enfadé mucho”.

 

5. Como ya hemos dicho, el objetivo fundamental no es solucionar sus problemas sino trabajar la expresión emocional y mejorar la comunicación familiar. Aunque el niño, sobre todo al principio, se muestre reacio a compartir sus emociones, el mensaje que recibe “mis padres están ahí para escucharme cuando quiera” es muy positivo.

 

6. Cuando analicemos el día, es importante destacar especialmente los aspectos positivos, los pequeños avances en aprendizaje o conducta y reforzar mucho al niño.

 

7. Para finalizar la sesión podemos introducir un pequeño juego o actividad (leer un cuento, hacer respiraciones o alguna técnica de relajación, etc.)